El karma no es un misterio, tampoco un mito. No es un castigo, tampoco recompensa. Es más simple. Es una ley universal de asumir y vivir la consecuencia de lo que soy, y de lo que pienso y de lo que hago, el resultado de lo que siento, y de lo que hablo. Es el trazo inevitable del destino que me tocará vivir. Las huellas donde iré pisando. Sea consciente o no. Lo que pongo regresa para revivirlo, pero ahora con responsabilidad. Es mi destino, el camino trazado por mi. Si me amo, amaré. Si juzgo, viviré enjuiciada no por los demás, sino en mi sentir. Fácil. Por eso la importancia de conocerme en la sombra, anticiparme en mi sufrimiento. Cambiarla. Pensar bien. Causarme despierta la palabra, con consciencia el contento, la alegría afuera, arriba, abajo y adentro. Porque no es un destino fijo, sino un camino vivo.


